el artículo del año
kurzgesagt: hacer todo con corazón
Me pregunto si ser adulto podrá ser conglomerado en la frase de decir “¿En qué momento es 31 de diciembre?” acompañado de un breve “Si chica vale, ¿en qué momento se fue el año?”
Pues así me siento y he sentido las últimas dos o tres Navidades / año nuevo. Chamo, ¿ya pasaron 365 días desde la última vez que estuve abrazando a mi mamá y mi hermana al tocar las doce? ¿Dónde imagine estar hace un año? ¿Es acaso lo que esa versión mía quería? Y spoiler: nunca me lo imagine y esa versión mía no se lo hubiese imaginado.
Siento que esta época del año, al igual que un viaje a un país extranjero, está cargado de lo que una ex pareja mía denominaría “moralidad turística”. En el país nuevo es más banal y claro: si te da fastidio un día salir a los museos que te recomendaron o hacer el tour por la zona no se que flinchi, pues se asombra lentamente la moralidad turística. “C*ño, debería salir, cuando más, pero Diosito este cansancio que cargo solo me pide un descanscito. ¿Será que voy al tour? ¿O es irresponsable quedarme en la cama y leerme mi libro o simplemente sentarme en mi teléfono viendo TikTok o leyendo los artículos de Elisa?”. Exacto. Todos hemos pasado por ahí.
La moralidad turística de esta época del año es un poco más serpentina porque se esconde tras los viajes internos que emprendemos en estos meses - transición a una nueva estación (si vives en un lugar con estaciones), pasos hacia el final del año, introspección de como fue tu año (que si no se te ocurre a ti, cada publicación de rrss se hace cargo de recordarte), calendarios, ejercicios escritos, free print-outs, meditaciones y todo lo que se te pueda ocurrir para sentarte a redactar como fue tu año- y como visualizas el próximo.
Lo más gracioso es que este tipo de cosas me encantan y cada que puedo hago una, independiente del mes, hora y ciclo de la Luna. Sin embargo, (me encanta usar sin embargo), el año pasado y este se sintieron como si estuviese encarcelada en una jaula de oro con una iluminación infame que era tan abrumantemente fea que no me permitía pararme de un escritorio. Como si estuviese esposada a una rutina que enfermaba a mi alma pero que por fuera era el trabajo perfecto, la rutina ideal, la cúspide de la eficiencia. “¡Wow! ¡Que maravilla!” gritaban los espectadores mientras que mi alma tosía en el fondo.
Las esposas se rompieron unas semanas antes de que mi contrato acabara y empezara a librarme en mi cabeza de los rehenes de presión, estrés, tristeza y frustración que casi que arraigue a mi personalidad. Sentí que estaba siendo formada otra vez en el vientre de mi mamá y estaba a punto de nacer de nuevo. La vida me estaba llamando a la vuelta de la esquina.
He estado naciendo desde entonces (finales de octubre) y me gusta pensar que así visualizo este próximo año. Quiero sentir todo como si fuese la primera vez y darme el permiso de sentir todo lo que mi alma me pida.
Sentir la emoción de abrir los ojos por la mañana y querer explorar el día nuevo, como lo hacía de niña. Sentir la brisa en mi pelo y cerrar los ojos para ver de que colores aquello colorea a mis párpados cerrados. Llamar con buenas noticias. Recaer en seres amados para las malas. Cerrar los ojos cuando el Sol toca mi piel. Dibujar por dibujar. Escribir por liberar. Expresar como acto de amor a mi camino espiritual. Caminar por la calle escuchando las conversaciones y los sonidos que me rodean. Prestar atención a cada palabra que intercambio con mi madre, mi padre y mi hermana. Saborear cada carcajada como si fuese la última. Prestar también atención a cada palabra que sale de mi boca… crear la realidad más bonita con mi elección de palabras. Aceptar cada momento bajo y darle bienvenida de la misma forma que se la doy a las risas y a los viajes - ya que aquí se encuentra la tierra más fértil para mi crecimiento. Darme el amor a mi que siempre he añorado que me lo den externos. Sembrar amor y honestidad en mis conexiones. Confiar en la humanidad. Escuchar la música que hace que mis padres bailen y dejar que mis pies se muevan al ritmo de ella. Bailar por bailar. Confiar en mi misma como lo hacía de pequeña al aprender a caminar. Escribir las palabras que me salen por la mañana, y las que cosquillean justo antes de quedarme dormida. Emprender la aventura con la seguridad de que todo saldrá como más le conviene a mi camino - bien sea la viajera, la de amistad, la creativa, la emprendedora, la romántica. Anotar que me hace bien y hacer lo posible para que su presencia sea diaria. Hacer consciencia de lo que no y respetarlo. Que cada día sea un acto de amor no solo hacia mi misma pero hacia la comunidad que me rodea, en cualquier parte del mundo que aquello sea. Hacer todo desde el corazón.

Quiero vivir a través del amor, y al proclamar esto en mi cabeza hace unos días, el libro de all about love de bell hooks encontró el camino hacia mis manos de nuevo y me recordó de esto:
De all about love también me resonó el cómo ser consciente con los objetivos que queremos es fundamental para llevarnos a ser asertivas. Identificar las acciones necesarias para llegar a ellos, que nuestros comportamientos estén alineados con ese camino y hacer seguimientos con cierta constancia para ver como vamos. ¿Bailaré por bailar? ¿Dibujaré por dibujar? ¿Amaré por amar?
La vida baila y la moralidad de no querer sentarme a hacer los PDFs y/o sentarme a manifestar lo que quiero para el año nuevo me persigue desde enero de este año cuando con mi mejor amiga le dimos largas a hacerlo para el 2025. Ya en abril se volvió un chiste nuestro de decir “bueno, ya, hablamos en el 2026” y - plumkiti - en menos de 12 horas comienza un nuevo calendario. Y en media hora tenemos nuestra llamada agendada para sentarnos a escribir como queremos sentirnos en el próximo año.
En fin, sólo se una cosa: quiero hacer todo con corazón.
Feliz año bbs<3

