saudade carioca
¿cómo se navega la emoción más renombrada brasileña?
2015, mi cuarto de la infancia, yo acostada en mi cama un sábado por la mañana escrolleando en Tumblr en mi primera laptop, que recuerdo su funda azul eléctrica, los pájaros cantando fuera de mi ventana, mi mamá y mi hermana en algún lugar del apartamento. Me topo por primera vez con un gráfico compuesto dentro de un mítico gráfico de palabras con su significado que no tienen traducción a otras lenguas.
Acuerdo estar muy movida por el significado y por el descubrimiento de que no todas las palabras son traducibles. Que nuestras habilidades lingüísticas tienen patas cortas a veces para describir momentos precisos en el tiempo y en preguntarme cómo otras culturas las logran describir y otras no. ¿Será porque la sienten con más frecuencia? ¿O porque es un fruto de las personalidades que se crean en esos idiomas? ¿Será que se sienten más a flor de piel unas cosas y hay más consciencia sobre ello?
Acabo de llegar a Cali hoy. La vida me regaló unas horas más en Brasil y mi vuelo fue atrasado cuatro horas que me permitieron ir a cenar mi último açaí en la capital carioca, ir al último bloco de carnaval en la playa frente a mi casa y a correr en la arena como una niña de seis años con una amiga que mi vida berlinesa me mando y un amigo que mis días brasileños me trajeron de regalo. Un primer vuelo a las cuatro a.m. a Bogotá y un segundo vuelo a las once a Cali, Colombia. Pues, tras un mes y medio viviendo en Flamengo, siento ese renombrado saudade en cada célula de mi cuerpo.
Hay una enseñanza que aprendí a los diecisiete cuando me mudé a un pueblo remoto alemán en Badén-Wurtemburg por diez meses para hacer un intercambio cultural con una familia alemana. Mientras estaba sentada en el tren de Colonia a Besigheim, viendo la ventana, escuchando Ciclo de Simón Grossmann y preguntándome ¿qué c*ño estoy haciendo y a dónde estoy yendo?, me cayó un ángel de pensamiento que me dijo: no tengo ni idea, pero antes de que lo sepas estás en el tren de regreso con los diez meses por encima y una experiencia que seguro que te transformará la vida.
Se cumplen este agosto nueve años desde ese momento y he hecho (quizás mucho) uso de esa realización en los nueve años desde que dejé mi país y me mudé a Europa. Hoy estoy en Cali con mi mejor amiga de mi primera etapa alemana en Besigheim - la única otra estudiante de intercambio cultural que de regalo fue colombiana. Juli y yo mantuvimos contacto diario por los primeros tres años y más esporádicos los próximos seis. Reconectamos en septiembre en Berlín cuando estaba de paso. Me recordó como las amistades verdaderas son ajenas a la distancia e immunes al paso del tiempo.
Estoy con una emoción que baila salsa caleña por lo que viene en mis próximas dos semanas colombianas, pero con una saudade que ya no solo nace de una imagen que vi a los quince años, sino con una personalidad carioca que logre empezar a descubrir en mi tiempo brasileño. Ahora la pregunta del millón para alguien que no sabe muy bien cómo navegar la nostalgia: ¿cómo voy a superar esta saudade que siento por un país, una cultura, una gente que me tocaron el corazón y me recordaron de la magia vibrante que es ser suramericana?
No tengo ni idea y me temo a que las respuestas solo vendrán con el paso del tiempo. Hay tanto que quiero escribir y decir y a su vez quiero solo abrazarlo en mi memoria ya que ponerlo en palabras es reconocer que ya pasó, que ya trascendió a mi pasado y ya no forma parte de mi rutina. Pero, te quito la cara de preocupada - dentro de toda este sentir hay varias cosas que si he aprendido:
Hay experiencias que demoran tiempo en marinarse. En asentarse dentro del alma de una y formarse para que podamos tener una relación con ellas. Tomarlas con calma y honrar su grandeza.
El estar viajando me está enseñando a crear una relación nueva con las despedidas. Antes eran dolorosas, profundas y me direccionaban a solo escuchar reggaeton para no pensar en aquello. Ahora estoy descubriendo- mientras escribo - el sentarme con ello. Mi último día fue todo lo que más me gustaba hacer: bailar en blocos, comer açaí, tapioca y suco de maracuja, ir a la playa, correr, estar como un pez en el mar, reírme y bailar de nuevo. La gratitud que sentía mi corazón sobrepasaba la añoranza del irme. Ahora la tristeza y nostalgia están dándole la mano a la gratitud y esta está tomándola. Se siente raro. Se siente nuevo. ¿Le doy la mano? Me da un poco de miedo.
Si te repites a diario que cosas maravillosas te sucederán, suceden. Fui a ver a Bad Bunny en São Paolo pista VIP gratis por un amigo amado que conocí en un tour en Cairo. Exacto.
Viajar sin llaves es un privilegio y un reto a hacer hogar dentro de una misma a diario, constantemente, en vez de recaer meramente en espacios físicos. Este término me lo dijo Sofi ayer, mientras yo terminaba de empacar y le daba un llavero de souvenir que nos compré a las dos - un símbolo de compras impulsivas de souvenirs de último momento - y al recibirlo no pudo parar de reírse. “Tía, pero es que ni tengo llaves? ¿Es que te has dado cuenta que estamos viajando sin llaves?”
Nunca he tenido mucho sentido del olfato pero el aire de Rio huele a querer bailar, cantar, aprender portugués, bailar samba, Forrò y contact improv, meterse al mar, besar, reír, cantar… en fin, vivir.
Reconocer cuando necesitamos horas nonverbal es vital para poder recargar energías dentro de tanto estímulo.
La vida tiene un envío de ángeles constante que llegan a nuestras vidas. Estando sola y viajando puedo verlas con más claridad - y observar como siempre han estado llegando a mi vida. Ahora tener el tiempo para poder agradecerlo.
Treinta y ocho días donde casi no escribí, leí ni dibujé porque sentía que cada segundo que sentada a hacer algo era un momento de vivencia perdida. Imagínate cómo se respira el aire en Río de Janeiro - a ver cómo se respira el de Cali.




Me encantó, recuerdo también el shock que fue para mí cuando descubrí esa palabra. Y también cuando descubrí que la palabra “apapacho” es muy mexicana y no en todas partes se utiliza.
Sin duda quien sabe porque las palabras no nos alcanzan en todo el mundo para describir lo que sentimos de la misma manera, pero es lindo descubrir nuevas palabras para nombrar lo que sentimos y vivimos.
love U